Una persona de lo más normal
En español, para describir a alguien “normal”, se puede decir: «Una persona normal y corriente». Como suena tan rítmico al pronunciarlo, lo apunté y se me quedó.
Normal es eso: normal, corriente. Y corriente también puede significar “de lo más común”. Al ponerlas juntas, la frase refuerza la idea; para mí sería algo así como: una persona tan normal que no puede ser más normal.
Además, corriente también puede ser una corriente de agua. Y ahí se me formó esta imagen: una persona flotando y subiendo y bajando en la corriente de su época—la gente “normal” dejándose llevar, y los héroes creando la época, creando la corriente.
Hay muchísimas cosas que pesan menos que la corriente de los tiempos: si una inversión sale bien, si “os subisteis” a la ola correcta, cuánto puede aportar el esfuerzo personal… a veces es menor que lo que decide la época.
Dicho así suena bastante pesimista, pero para mí es más bien una forma de entender el mundo: saber que el esfuerzo y las decisiones personales tienen un límite, y que basta con tener claro que ese límite existe.
Estos días, leyendo «幸福的鬼島» (algo así como “la isla fantasma feliz”), me encontré con un fragmento que conectó con todo lo de arriba:
«…Y sin importar si Taiwán estaba bajo el gobierno colonial japonés o bajo el gobierno autoritario del Kuomintang, vivían con discreción y se esforzaban, con la esperanza de encontrar un poco de disfrute y dignidad en medio del caos.»
Lo cotidiano, dentro de una corriente imposible de frenar: intentar vivir como de verdad quiero vivir.